Porque hubo un tiempo en que no existían árboles en mi jardín y ahora crecen sus raíces y extienden su follaje y guardan vida entre sus ramas.
Porque hubo un tiempo en que habitaban sombras y el silencio y la nada en los espacios en que ahora
Porque hubo un tiempo en que
Mi homenaje
al que plantó cada árbol
sin pensar, para siempre.
Al que en el valle
recuerda que hay montañas
y en una gota de agua,
tiembla ante la sequía
el desierto ofrecido.
Despegan los aviones
con la tristeza adentro Vuelan
más lejos que mi pensamiento
y lo que siento
La vida es un regalo que no estamos obligados a aceptar
pero no se incluye en ningún lado la pregunta
Diríamos que no
Sólo nacemos
Nos lanzan al canal
apretujados
con el dolor de los mordiscos
que no se sabe de dónde vienen
Lloramos
Lloramos
Los que celebran la vida
los que imponen el ruido
y hacen fiesta
nunca fuimos nosotros
Lloramos
Falta todo y sobra luz
queda tiempo
pero no sabemos para qué
Más adelante nos encontraremos
con dolores parecidos
nos saludaremos
nos inventaremos nombres
y rituales de cortesía
nos tocaremos las marcas y le llamamos a ese acto
caricias
Reíremos de llorar
Haremos fiesta junto al dolor
del que empieza a vivir
Nos embriagaremos para no sentir
Hasta que un día
regresaremos al principio
de la pregunta inconclusa
que nos llevará a casa hacia aquella oscuridad tan conocida
sin resistencia para olvidar
que pueden surgir flores
de la humedad de las palabras
y del aroma a sexo tierno y cálido
de sueño adolescente
que se pasea tímidamente por el aire
como efecto invernadero para germinar arcoíris
Aprendí contigo que la inocencia
puede escaparse dos / tres / hasta mil veces
y reír juntos por lo perdido antes de la paz
que las sirenas no cantan para atraer marinos
que levantan sus voces mientras se peinan
a nuestro ritmo
y en nuestras olas llenas de espuma preñan el mar
que las arenas del Sahara fecundan el amazonas
surten de oro nuevo a Belo horizonte
sin que lo quiera ningún extranjero arrebatar
Aprendí contigo que la inocencia es un jardín sin nombre
un mito ajeno que destruímos
una pared antigua frente a nosotros
que nos descubrió ansiosos por derrumbar.
Me quedo con su mirada
tan triste dicen
como la de los bueyes
con su risa burlona
que embriaga los sentidos
y endulza la garganta
me quedo con su voz
alegría rompevientos
con su silencio
promesa de aguacero
que llega con la noche
me quedo con la impronunciable caricia
tan cruel como el último beso
y tan honesta para dejarme ir
pero me quedo como el sediento
que encuentra vida
en una sola gota y que al beberla la imagina
no sólo hermosa
si no poema
Los amigos no se curan las heridas
se hacen nuevas
Se raspan los codos mientras juegan
se arrancan vida mientras caminan
y entre más caminan
envejecen
Los amigos son ríos caudalosos que no saben detenerse
rompen suelo / surcos
tiran árboles / casas
Se crecen conforme crece la tormenta
cuando la torrente sube
se resisten a los diques y las carreteras
corren libres sin mirar atrás
Los amigos no se acarician el alma
se la rompen mas bien a carcajadas
es entonces cuando se sienten más vivos que nunca
aunque estén muriendo
Los amigos ponen nombre a cada una de sus cicatrices
las pintan y se las tocan hasta que dejan de dolerles
se hacen moretones
sudan
juegan
se muerden
se arrebatan el amor
se prometen vida eterna
y cuando se saben cerca
los amigos se van
para empezar de nuevo
en alguna otra parte
Te miré
así supe del deseo
que despierta descubrir el horizonte
Me acerqué despacio
con ansiedad y sorpresa
embelesada
escuché tu susurrar
el rugir del golpe de tus aguas
de las piedras que modelan tu regazo
de tu fauna y de tu flora
de tí océano fecundo
Sucumbí en tus corales
sin pensarlo me mojé
Sumergí mis sueños entre tus olas
entregué mi útero a tu corriente
me inundé de tí
en tí
en tu deseo
Y te desee
Me sentí feliz creyendo ser del mar más que la luna
y cuando me sentí segura
como todos los que se embarcan en días de lluvia
naufragué
Me ahogué en las aguas bravas del deseo
Sentada sobre la luna
en la esquina del olvido
tu recuerdo:
Luciérnaga infinita
que brillas en mi noche
y sacudes el espanto
en la cara de las horas
que giran atropelladas
entre agujas filosas
y tic tacs escandalosos
Lluvia fina entre las manos
que cura lo que toca
brazos
piernas
pechos
angustia diluida en tu sereno
ausencia desahuciada entre las gotas
rocío mañanero con olor a ti
La luna no se mueve
mientras te observo
al oído susurra cuentos
la ventana no abre
y sin embargo
ambas sabemos:
ahí estás tú
Amábamos lo que éramos
raros, imprecisos, incomprensibles
voces de luz amarradas al teléfono
mezcla de espejo y cordón umbilical.
Hablar bajo
parirnos poesía
reir cómplices en el secreto
con los pies mojados en las arenas de un sueño
paraíso itinerante entre desierto y mar.
Hicimos nuestro el inventarnos frases
escribirnos cartas
retar cualquier regaño
querernos confesar.
Amábamos lo que fuimos
faroles
amparo
árboles robustos
líquido flamable
siempre algo más.
Amé lo que me hiciste
y en lo que te convertiste
el pañuelo en que cabía todo mi mundo
mi equinoccio personal de primavera
mi mejor grano de café
el poeta que más amó Dalí
mi escape predilecto al mundo de las maravillas
el conejo blanco pendiente del reloj
la Cuba moral de mi Latinoamérica unida
la mitad de lo que uno ama de su país
el principito de mi propio asteroide.
Y fuimos más, mucho más, siempre algo más
nos enseñamos a querer y ser
cada quien lo que es
sin forzar el futuro que construía el otro
sin pedir nada o engañar
fuimos más
aprendimos a ser más
a amar sin esperar
a crecer sin detener
a agradecer porque nos supimos el hielo de Watanabe
que nos hicimos sol
y nos enseñamos también a ser guardián.
Amábamos lo que éramos
y amamos hoy lo que cada uno somos
aunque parezcamos tan distintos a los de entonces.
Amamos de alguna manera
cada uno a su manera
ser algo más, mucho más
de lo que podíamos ser
al principio de todos los tiempos
EL GUARDIAN DEL HIELO
Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo
Por favor no digas nada
acurrúcate a mi lado y respira
El canto del pájaro de la vida anuncia la madrugada
No siempre conocer a alguien significa tener sobre ella cierta ventaja
A veces conocerla sólo da la certeza de que te tocará perder
pero bien vale perder por escuchar su canto
En su canto se anuncia solo
Se le oye cerca
casi en la ventana
pero está lejos.
No canta para tí
ni para nadie
El pájaro canta para el árbol
y para sí
para la nube
para el aire que lo trajo
y volverá a llevárselo lejos
El pájaro canta
No respires
no intentes retenerlo
que no sepa que lo oyes
o que lo sepa sin que te muevas
sin que esperes que cante o vuele para ti
Canta el pájaro en la ventana
sueña, vuela, disfruta de su canto.
El mundo es su nido y la ventana
tan sólo una estación
Qué se hace con el cariño que se derrama
con la fe con olas en marea alta
con tanta historia rellenando lunas
con la memoria que no agoniza
y con las cartas que no se mandan.
Qué se hace con las manos llenas
con este imposible abrazar nada
cuando se escucha sangre en las venas
sin represas para calmarla
Qué se hace con mariposas de alas pegadas
esperando en línea para volar
qué se hace con el amor sin puerto
sin ciudad, sin templo
sin mirador, hotel, calle
para vibrar
Qué se hace cuando se oculta el sol
y no se ve la luna por la ventana
Qué se hace cuando -la próxima vez-
es una aguja rota en el reloj
Qué se hace
dónde se pone
dónde descansa
dónde se guarda
todo el amor.
Alicia Salum
Somos recuerdos, lo que hicimos, lo que quisimos y lo que creímos ser... todo se guarda y se convierte en memoria... Pero no hay peor enemiga que ella. Habrá que cuidarse, bailarle todos los días, reírse de vez en cuando, dejar recados, fotografías, poemas, canciones por todas partes, no darle el gusto al olvido para que ocupe su lugar...
FAREWELL
Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
¿Y cuándo entenderás, mujer de cabeza dura, que la cualidad reflejo de un espejo no se suple con una pantalla blanca?
Cuándo entenderás que es solo el espejo el que permite jugar e identificarse y a la vez diferenciarse de tu "no yo". Que solo el espejo le permite al que se refleja, crecer, jugar, ser creativo, siempre con la seguridad de que cuenta con la mirada de aquel otro para aprender de él, con él y saber diferenciarse.
En cambio, cabeza dura, la pantalla blanca no implica la existencia de la mirada de nadie, no produce metáforas ni posibilita juegos para la creación, no produce imágenes que sean ciertas, corroboradas por un otro, no implica vínculos ni tampoco aprendizajes. La fantasía se desborda porque la pantalla blanca, opaca, no produce ningún reflejo y solo sirve de proyección de necesidades, miedos e imágenes internas, donde nadie puede decirle a quien las proyecta "Eso eres, eso soy". No crea nada y no dialoga, solo es un depositorio de sueños, si es que no de locuras de aquel que se proyecta, y eso, cabeza dura es muy caro y altamente peligroso, se convierte en un sinsentido querer atravesar la realidad sin manos que te sujeten, sin ojos para decirte a dónde es que se va.
No olvides nunca, cabeza dura, que la insistencia en proyectarte en pantallas blancas, sin miradas ni palabras que te construyan, no reflejarán jamás tu brillo o tu grandeza, solamente soledad:
"Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “que calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se te hizo de noche”…Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”.)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón"
Mentira, cuando Adán pecó con Eva no fue por culpa de ninguna serpiente. Eva sabía sin ninguna inocencia que la tentación era mucha, que el jardín inspiraba y que estaban solos. Eva saboreaba desde hacía tiempo aquellos frutos carnosos que colgaban de las ramas, ya maduros, y que prometían un paraíso de exquisita miel. Eva siempre lo supo. Luego le vino el destierro, el mito de la inocencia perdida, el fin de todos los tiempos...
Eva, desterrada para siempre de ese paraíso se prometió volver, pero no, en el último intento se quemó la boca.
Eva se refugia desde entonces en un sueño sin retorno. En un laberinto sin accesos. En el goce de los locos. Eva proyecta sueños y baila con los pájaros. Se abraza mientras baila, a unos ojos. Se mueve al compás de unas manos finas que la aprietan y del canto de unos labios que susurran a su oído.
Eva seduce a la muerte, se entrega a ella, amante, enardecida, en un sueño, tentada por el jardín de las mil bocas.
La Boca
Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astros que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.
Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡ Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!
Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.
Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.
He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.
Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
Vida, Muerte, Amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.