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lunes, 15 de abril de 2013

Poemas del cajón para seguir con vida

A los trece escribí una redondilla que dice así:
CREO EN TI
No sé que pienses de mi
Quería explicarte que siento
Y aunque no es el momento
Quería decirte: Creo en tí.
Aún no sé por qué razón
Creo en tí en todo momento
Y aunque pienses que te miento
Creo en tí de corazón.
Talvez no importa el creerte
Pero si el que te quiero
Pues por esta verdad muero
Que yo sufro al quererte.
Debes saber vida mía
Que te creeré hasta la muerte
Pues soy feliz al tenerte,
A mi lado cada día.
En fin, hay ciertas cosas que nunca cambian. Creo en tí

viernes, 23 de marzo de 2012

El rincón de las mariposas o collage para un amigo

Las mejores cosas de la vida llegan sin anunciarse. Un día, de repente, nos damos cuenta que estamos vivos de a deveras, que no se existe por existir ni solo porque un músculo involuntario se nos contrae sino porque hay una conexión con la vida y nos regala sentido para la existencia. Así, un buen día puede aparecerse ante nosotros un muchacho que fecunda mariposas, que enseña que la noche es un gran colador de estrellas, que nos dice en su mirada que es tan grande e infinito el mundo como lo que puede escribirse en una hoja de papel.

Las mejores cosas de la vida llegan sin anunciarse, se acostumbra uno sin embargo a vivir con ellas. Las acariciamos con el paso del tiempo y son las únicas cosas que no se vuelven viejas.
Las mejores cosas de la vida llegan siempre cuando uno menos las espera.

Collage para los amigos que se fecundan mariposas o quizá peces o quizá estrellas según sea la hora:


... Que complicados somos. Lo único cierto cada día de este nuestro nosotros, es que quiero un buen día de estos acompañarlo a una librería, a esas con libros de segunda mano, con mil tesoros escondidos, inimaginables. Sorprendernos con lecturas nuevas o algunas viejas que compartirle al otro. Caminar y caminar sin rumbo fijo, sin percatarnos de la hora, platicando cualquier cosa que nos permita seguir caminando y riendo. Conocer su último escrito, de su puño y letra, de esa letra suya y puntiaguda que ilumina mi entorno cuando llega. Tomarnos un café en su casa y escuchar la música que quiera enseñarme, conocer un nuevo Silvio u otro Benedetti, recordar a Beethoven y dejar mis manos lejos del café. Acompañarnos un día al mar y llevar únicamente unos sándwiches de atún aunque el agua ni siquiera pueda tocarnos cuando el viento sople. Querido amigo, lo único que importa hoy, es que quisiera de nuevo detener el tiempo en una noche. Tal vez esta vez sea con menos lágrimas pero con el mismo abrazo de aquel entonces. Y por favor, justo antes de volver a poner distancia, vuelva a tocar mi cara con sus manos para quitar la basurita que siempre, no sé cómo le hace, pero siempre me encuentra y si no es mucho pedir, permítame besar sus párpados.


De la vida envidiable de Feliciano Argueta
Mario Payeras

Ya ves que aquella despedida de México,
provisional como todos los plazos del corazón,
no pudo sobrevivir a su propia promesa.
Y hoy que es marzo,
compañero,
y que ya no te encuentras bajo este viejo cielo
donde los pájaros son desmemoriados,
me llena la certeza de que mientras no nos vimos
averiguaste más sobre la semejanza que en los dias de la escuela
llegamos a vislumbrar entre la realidad y las marquetas tempranas
que dejaba en las esquinas el carruaje del hielo.
Así supe que en los años de la guerra
te asediaron a menudo las papalotas de la infancia
que a ti también te desvelaron las estrellas
en las noches de la sierra
(esa desordenada fiesta de bengalas
de difícil sentido),
y que entre tantos paisajes como viste
había dos o tres que para ti llegarían a ser insustituibles.
Supe que después de todo
te sorprendió que el amor fuera eso tan disperso,
que puede a veces consistir en el rito desolado
de recoger para alguien que ni siquiera conocemos
las caracolas de Guanabo
en las interferencias de una marimba lejana
en la noche de Bruselas
o en la muchacha de la blusa azul
que un domingo de Berlín nos reveló con sus modales
los infinito riesgos del olvido.
Hoy sé que así tratabas de explicarme
que el mundo es demasiado grande para nuestra nostalgia.
Y esa desamparada aventura terrestre íbamos a contárnosla
aunque fuera después de aquellos largos almanaques de ausencia,
como tú mismo decías.
Yo te esperé muchas veces en un café de Praga
mientras tú quizás andabas,
en horarios distintos,
por el remoto cielo de Valparaíso,
pensando que en efecto la realidad es translúcida
pero que es atravesable en un solo sentido
porque no tiene caminos de regreso.
Y qué bueno hubiera sido encontrarnos algún día
para entregarnos cuentas de lo andado,
para mirarnos a los ojos
por lo menos
una vez más en la vida
y arrancarnos (quién sabe?)
los flores que entretanto nos hubieran crecido para el otro
en el propio corazón.
Pero tú sabías que no vale la pena
tratar de ser felices a la vieja manera
Por eso es explicable que en tu cartera se encontraran
simples objetos de hombre que no le teme al olvido
(y desde aquella hora
la muerte no es para ni esa patria feroz
que nos aflige tanto con su ternura solitaria).
y que un 14 de abril te olvidaras de las citas y de las fechas humanas
y te marcharas conforme hacia el largo domingo sin barriletes ni pájaros,
la región que en los mapas más antiguos que existen
solía representarse con una ballena triste.



Distancia del amigo
Rosario Castellanos

En una tierra antigua de olivos y cipreses
ha fechado mi amigo su más reciente carta.
Lo imagino escribiendo, sentado en una roca
a la orilla del mar, tirando piedrecitas
sobre el lomo verduzco de las olas.
(Si estuviera en un parque tiraría
migas a los gorriones,
si en un estanque, Ledas a los cisnes.)
Lo imagino volviendo su rostro hacia el crepúsculo,
mordisqueando una brizna mientras piensa
que la vida es tan bella porque es corta.
(No es de los que invocan a la muerte.
Es de los que la hospedan, silenciosos,
en el sitio más hondo de su cuerpo.)
Se levanta después y camina despacio,
con las manos metidas en las bolsas
de un traje viejo y ancho.
Puede hervir a su lado la multitud. Mi amigo
está solo. Entre hombres embriagados
de dicha, entre mujeres ojerosas de duelo
lleva su soledad como una espada
desnuda y eficaz, radiante de amenazas.
Llega a su cuarto. Lo abre. Nadie espera.
Hay un olor oscuro,
pesado, de ventana estrangulada.
Igual que cuatro cirios metálicos relucen
las cuatro extremidades agudas de la cama.
Se ha desplomado en ella y una punta lo hiere.
¡Cómo sangra empapando las sábanas, tiñéndolas,
cómo se queda lívido y exangüe
mientras bajo su frente se incendian las almohadas!

La fecha de esta carta que estrujo es muy remota
—de un tiempo en el que el tiempo no existía—
y la ciudad de que habla se reclina
más allá de los mapas.
Mí amigo, sin embargo, está cercano.
Podría yo tocarlo si pudiera
tocar mi corazón recóndito y sellado.




Sabe compañera...
Elmer Menjívar

Sabe compañera
vencimos algo
no se si algo hecho de tiempo
o de geografía
pero eso ya no amenaza
se ha hecho complice en nuestro crimen
de querernos sin preguntar
al imposible

Sabe compañera
vivo de su sonrisa
y aprendo de la libertad de su lágrima
lo que me hace falta para sentirme hombre

Sabe compañera
aún hay abismos
y mucha lástima en mis espejos
aún la queja de la vida me acosa
y se hace dificil escribir mañanas

Sabe compañera
su mano es fe
y la pregunta cruel
un empujón hacia mi mismo

Compañera
conocí de la paz
cuando su mirada me dijo
que su sonrisa
ya está a salvo de mi sombra.


Poema XV
Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Lo que me supo mujer


Siempre soñé con ser madre, con tener hijos y cuidarlos y verlos crecer, quizá por eso hasta me parecía  un poco a la Susanita de Mafalda,  pero no,  sabía muy bien desde entonces que el desear tener hijos no me convertía en una mujer.
Y así llegaron, nacieron de mi vientre dos niñas hermosas que  trajeron a mi vida nuevas  y coloridas formas para amarrarme al mundo, para querer construirles uno nuevo y mucho más bonito. Pero no, ni aún con todo el amor que puedo tenerles, ni con la perseverante e imperfecta lucha que por ellas yo pudiera perseguir, no por eso creo que ser madre es lo que como mujer me pueda definir.
Y es que tampoco, ni con el pasar de los años me ha hecho mujer el llevar falda, el maquillaje que pueda usar todos los días, el encaje de mis prendas, los aretes de plata y fantasía, la limpieza de mi casa, ni inventar más secretos de cocina, mucho menos ir de compras aunque, lo confieso, me encanta tanto o más que a cualquier otra mujer. Pero eso no es lo que me sabe, no es lo me hace, no es lo que me dice que soy una mujer.
Yo me sé mujer mucho más atrás de las ardientes noches, del deseo en su mirada, del volar inquieto de sus manos y  del fuego que surge como ansiedad en él. Porque no, aun cuando me sienta plena ante sus ojos, la mujer perfecta, la mujer soñada y la mujer deseada como nunca otra, por más verdad que sea esta, no es eso lo que me hizo descubrirme una mujer.
Porque yo me descubrí mujer de un solo tajo,  como el juego que se gana con una sola carta, con el delirio de unos labios acariciándonos la voz. Yo me sentí mujer tempranamente, desde el naciente verso,  en la real inexperiencia de lo que los adultos entendemos por sexo y por placer, sin saber de la humedad producida en los encuentros, ni la danza de los cuerpos, porque mi cuerpo era tan solo una promesa de cuerpo de mujer.
Me supe mujer desde hace mucho, un poco llorando y un poco quiza riendo, al ritmo de un poema que me delató mujer:

Mujer... eso dicen que soy y sin embargo
tú y los demás como que lo ignoran.
Mujer que va dentro con el amparo
de saberse un día que en verdad la añoran.

Con piel de niña es que se ha envuelto
un deseo impaciente cansado de dormir
con loco intento por ser descubierto
y pintar con fuego su propio matiz.

Una boca tierna con una sonrisa
una boca fragil sin saber amar
y a pesar de esto mi cuerpo se eriza
al soñar mi boca, tus labios rozar.

Una mujer dicen, y aún le temen
que algún día su blancura pudiese manchar.
tan solo una mujer que aún no entiende
por qué sus sentimientos debe aprisionar

miércoles, 13 de julio de 2011

Para Aixa

De una flor nacen los frutos pero para explicar el nacimiento de un hada solo hay un origen, una flor alada.

Un buen día, a Alada le avisó su cuerpo que había sido fecundada y su mundo se partió en dos, en un antes, donde el volar era libre y siempre  a la expectativa de arribar a mundos nuevos, y un después, un volar con nuevo sentido, podándose ella misma las alitas para ver a su hada crecer.

Han pasado once años desde entonces y las alas de Alada han crecido otro poco, es decir, ya no las siente cortas, ya es posible volver a volar, solo es cuestión de querer hacerlo siempre que ese volar  la dirija a un nuevo sueño, pero por hoy, el sueño de Alada sigue siendo el mismo, disfrutar de sus hadas cuando empiezan a volar, volar con ellas un buen trecho, volar, volar y dejarlas volar. Es difícil por cierto,  pero les aseguro que ha valido la pena detenerse y contemplar el espectáculo:


Se me ha escapado una hada entre los dedos
haciendo elegante giro de mariposa
Se trata de un hada pequeña, frágil
con pies de azúcar, cuerpo de espiga
y pétalos de rosa.

Se me ha escapado
No supe cómo entre los dedos
contemplo su vuelo cada vez más lejos.
Antes de irse
ha cubierto con su polvo mis entrañas
ha dejado sus canciones susurrándome al oído
se me ha escapado en un sueño
y aunque en él la suelto, también la guío
para que sea fuerte
para que sea libre
para que sea siempre perla de río.

Se eleva en el aire con volátil sonrisa
con alitas aterciopeladas provistas de armaduras.
Yo le digo, con el vaivén del viento:
"Vuela alto hada mía
abrígate en el arcoíris
despliega tus sueños sobre la tierra
riega de esperanzas el suelo que tu pisas
despista a la tristeza que te ronda
deslízate en la brisa
aférrate a las nubes
aligera tu paso
no intentes ir de prisa
el mundo de las hadas suele ser muy corto
disfruta
agita siempre tus alitas
cubre de magia todo lo que tocas
cúbrelo de amor y de caricias."

Se me ha escapado un hada entre los dedos
Es un hada fuerte, de color añil y valiente sonrisa

lunes, 4 de julio de 2011

Poesía histérica o poesía del dolor. Parte I

Sigmund Freud fue, por así decirlo, el primero en atender el grito histérico de la mujer que calla.  Se dignó a escuchar a las mujeres que  anudan en el cuerpo  mediante el síntoma,  el reclamo de no saber cómo ser, no saber cómo sentir, ni cómo ser escuchadas.
Pero la histeria no es cosa de mujeres, no hay un solo género cuando se trata de fantasmas. La histeria que estudió Freud ha trascendido la erotización del cuerpo femenino para reclamar desde otros espacios al Otro de su fantasma.
Así como la histérica entra en crisis, quizá también hay escritores en crisis y en lugar del cuerpo erotizan la palabra, juegan con ella, lloran con ella y la hacen víctima de su propio miedo, de su sofocante angustia, de demostrarse continuamente que la única respuesta capaz de  recibir del Otro, es  la ausencia de palabras, la imposibilidad de mantener el deseo y rescatar una mirada. Así, sin querer, logran mantener la frustración anhelada. La histeria es de alguna forma, repetirse en el miedo, identificarse en el dolor, identificarse con la falta:

A propósito de silencios

Siempre me ha asustado tu silencio
Cómodamente instalado en mi costumbre
Tu silencio no se arriesga
No adopta los errores
No reclama sacrificios
No me llama, no me exige pruebas
Me deja ir, venir, caer
levantarme, desaparecer
En tu silencio caben todas mis preguntas
¿Y si nunca vuelvo?
¿Y si mis manos no eran necesarias?
¿Y si no eran mis ojos?
¿Y si el ruido no reclama mi silencio?
¿Y si el festejo es ajeno a mi existencia?
¿Y si no entendí?
¿Y si me esperaba?
¿Y si me dejó libre para que volviera?
¿Y si no lo hice?
¿Y si era llamada de auxilio ahogándose en la espera?
Solo queda tu silencio
el calzado justo de este miedo
el espanto para mi sueño
o para posponer la retirada.
Tu silencio es libre,
No se sujeta a ningún riesgo
Es un pájaro negro en mi ventana
sordo, mudo, inmune a mi pregunta:
¿Y si era yo?

---------


Me estoy cayendo en pedacitos
Si alcanzo, podré barrerme de a poquitos.
Echaré agua para que no se note, para limpiarme toda
Para parecer linda, la que la mente atesora.
Lo malo, es que no me encuentro una parte
se me perdió quien sabe dónde, el tiempo la fue cortando
se la llevó el viento y quedó esparcida
En más de 3 mil kilómetros a la redonda.

Me estoy cayendo en pedacitos
pero no se aflija, no se me nota.

domingo, 5 de junio de 2011

Vuelvo a vivir


"Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya"  Séneca

Una muy buena amiga, de esas que uno conoce más cuando ya no se está cerca, me compartió el día de hoy el video que les comparto, es una canción Chilena, del grupo Illapu hecha para su país querido. La idea es que con esa canción yo también recuerde el mío y puedes estar segura  querida amiga de que fue así.

Es para todos los que estén lejos de su tierra, hayan nacido o no en ella, eso es lo que menos importa. Solo es suficiente llevarla en el corazón:


Enamorada
Enamorada hasta los huesos
de un pequeño gigante
Enamorada de  sus pies que moja en el pacífico
Y de sus millones de inquietos habitantes.
Enamorada punto a punto de sus 21,041 Km. cuadrados
Enamorada del café, de  la familia
y los amigos que me ha dado.
Enamorada del calor que siempre me provoca.
Enamorada de sus mangos, de los  verdes con alguashte
Que hoy al recordar me hicieron un  río de agua la boca.
Enamorada del izote, del maquilishuat, del chilate.
Enamorada de un pequeño país y de su historia.
Esa historia  que surge desde el alba  y no descansa nunca
Y me marcó un día para convertirse en mi historia propia.

jueves, 19 de mayo de 2011

Ensayo de un lenguaje

"Invéntame un nombre con las manos
y deletréalo en mi piel,
juguemos a que puedo adivinarlo..."

Me gusta que me leas en sistema Braille,
tus dedos que recorren cada una de mis líneas
tus manos, gaviotas expertas en lectura,
desafían versos planeando en mis orillas.
Me gusta que tus labios descifren cada signo
me gusta que enfaticen en la interrogación
que reconozcan tiempos, que marquen los acentos
que presionen puntos que son insinuación.
Ve y cierra la ventana, posterga despedidas
Haz circular tus manos dejalas viajar
Permite que recorran mi nueva poesía
Que lean y se aprendan mi cuerpo epistolar.
                                                                Alicia Salum

domingo, 24 de abril de 2011

Poesía de los 17

Amor, ¿Sabes qué es quererte?
Quererte es ver el cielo azul a pesar de tantas nubes que lo ocultan.
Es estar entre tus brazos y abrazar tu ternura
Y lograr un beso suave, pasivo que hace gritar el silencio de mi cuerpo,
Y agitar los sentimientos más profundos y más extraños del corazón.
Corazón que late fuerte y a la vez tiende a pararse y decirme:
- basta, no debes sentir más -
Quererte es más que espíritu
es más que carne viva y vibrante
Quererte es sonreír ante una lágrima
 que esconde dolor, decepción o furia.
Quererte es llorar ante tu alegría,
Porque me alegra aunque se rompa el corazón.
Es morir ante la vida y vivir ante la muerte.
Quererte es más que silencio, más que la palabra
Quererte es creer que contigo todo es posible
y sin embargo
Quererte es creer que nada podrá ser nunca más.
Quererte es soñar con lo eterno
Y eternizar el sueño de estar a tu lado
De querernos siempre.
Quererte es llorar, es reír, quererte es dormir y despertar.
Es conocer lo desconocido y desconocer lo que ya sabemos.
Es morir y vivir, es sentirlo todo y ser insensible a la soledad.
Quererte es más que perdonarte el daño que me hayas hecho
O arrepentirme y pedirte perdón.
Porque quererte es más que estar bien,
Quererte es conocer la verdadera, corta e inalcanzable felicidad
A través de una duda, de una pelea, de la tristeza misma.
Quererte es algo más que estar a tu lado o que estar sin ti.
Es algo más que la existencia de un sentimiento,
Ya que el sentir es frágil como una burbuja en el aire,
Que nace, que muere, que viene y que va.
Quererte es más grande que todo y mucho más infinito que la nada,
Pues quererte es simplemente eso…. Quererte sin fin.

miércoles, 20 de abril de 2011

La culpa


La culpa es mía
desde que descubrí  la pluma del poeta, me condené  a todos los versos...
me torturan desde entonces
métricas, ritmos, metáforas.
me expulsan por la ventana a mundos insospechados.
desgarran los disfraces que me pongo para todos
me saturan de emoción... me persigue el  sentimiento.

La culpa es solo mía
mi cuerpo se hizo  libro desde entonces,
está lleno de secretos, de aventuras
se estremece en cada tiempo, se inunda de palabras.
Desde que me até a los versos
mi piel se ha vuelto letra
y mi sangre ya no es sangre sino tinta que corre.
los versos me carcomen, se fusionan con mis huesos.

La culpa es mía,
desde que hay poetas  me desvivo en poesías.
Es solo mía
no es del verso, ni del poeta, ni de su pluma
ni de la rima, ni de la métrica,  la culpa
es solo mía,
Por hacer poesía

                            mi deseo.

                                                            Alicia Salum

martes, 19 de abril de 2011

Vinagreta

El día que noté que la piel de Isabel cambiaba de tono,  intuí  que algo andaba mal. No era tan difícil verlo, esos excesivos bronceados bajo el sol después de consumir en pocos días más de 30 litros de jugo de zanahoria, la convertían en un ser naranja. Luego siguieron los baños en vinagre, los pepinos en los ojos y el extraño aroma en la piel de una mezcla de manzana, menta y perejil. Todo eso sin contar que la pobre deambulaba por la casa con mascarillas de plátano, un penetrante aliento a rábano y su inconfundible mirada de aceituna.
Todo comenzó cuando se fue Rodolfo. Ese hombre de cabello negros cubriéndole los hombros, la había abandonado sin aparente explicación. Isabel, en su angustia y deseo de retener a su hombre, concluyó que sus carnes aun siendo voluptuosas no podrían satisfacer a un vegetariano. Entonces apareció la rigurosa dieta: jugo de verduras, arroz integral, galletas de avena, lo mínimo de agua y alimentos clasificados en Ying y Yang, convirtiendo a la macrobiótica en su nueva forma de vida. Llegó a tal grado, que su cuerpo naranja se parecía al de un mango petacón que olvidado bajo el sol perdió su forma y su jugo hasta el punto de adherirse la piel en el hueso.
Hubo momentos alarmantes para cualquiera que se jacte de creerse normal, como cuando calentó agua en la tina y se metió en ella después de cortar trocitos de verduras y colocar variedad de aceites para suavizar  su resquebrajada piel. Por eso, la última vez que vi esto me asusté tanto que aproveché que mi amiga aún no salía de bañarse para llamar a Rodolfo y pedirle que se presentara lo más pronto posible. Él por supuesto, se negó al principio, sin embargo, conociendo las extravagancias de su ex y los límites a los que podía llegar, aceptó de mala gana. 
Llegó media hora más tarde, antes de irme alcancé a ver cómo su  rostro se transfiguraba por el impacto: frente a él aparecía la más grande ensalada que jamás hubiese podido soñar, entre trocitos de verduras, Isabel, con su nueva figura era el manjar principal. Prontamente se quitó la ropa, se hundió en la tina y se embriagó de vinagreta. La amó intensamente, como jamás lo había hecho.  La amó porque en ese momento el cuerpo de Isabel maridaba espléndidamente con las verduras, logrando para él la ensalada perfecta.

                                    Alicia Salum