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miércoles, 20 de mayo de 2020

De fiesta el corazón

Todos mis refugios son los lugares en que te encuentro.

Cuando llega el amor hace fiesta el corazón.
Pero no es por fiesta que llega el amor
la fiesta es el amor
porque sólo en el amor
el corazón descansa.

jueves, 9 de mayo de 2019

Si no seremos amor

Si no seremos 
amor
seamos nube 
viento
aguacero
verano tropical


Si no seremos 
amor
seamos fuego
bengalas de humo
instantes de luz estelar


Pero si no fueramos 
amor
y tampoco nube 
aguacero 
fuego 
ni milagro tintineante
en el espacio


Si no nos fuera posible
amor
más que ser hielo
seamos cubos pequeños 
de colores

Un caleidoscopio 
en vaso de cristal
dónde un día 
han de nacer
todos los arcoíris


Alicia Salum

lunes, 18 de septiembre de 2017

Carnívora

Cual flor carnívora
te quiero
jugosa sedienta
apetecida por el olfato

Respira
busca la miel en los labios 
ven
sumérgete sin miedo
     - o aún con miedo -
esparce el polen
duérmete adentro

Ven
cuidaré de tí
donde el dolor no sabe a dolor 
seamos presa y depredador

Después de todo el amor consiste en atrapar insectos
ven
perfumaremos la noche
      
                                           Alicia Salum

Aristolochia grandiflora, es una especie de enredadera de hoja caduca con flores enormes que emiten un olor desagradable para los seres humanos, pero muy atractivo para los insectos.
Foto de Nataly Celina Arana

lunes, 17 de octubre de 2016

Aromaterapia

Pasa que tu escritura es aromática
intensa como barrica de roble
macerada por el tiempo
y las uvas dulces de la cosecha

Pasa que embriagan tus palabras
a fuego lento reducidas con especias
que en  pequeñas dosis se hacen suficientes 
para acompañar la tarde

Pasa que eres bueno como la hierbabuena
fácil de digerir y mejorar el aliento
se me ha hecho costumbre
masticar tu  escritura
cerrar los ojos
inhalar entonces poesía 
hasta beberme la noche

lunes, 11 de julio de 2016

El secreto de las flores

Margarita sabe cuidar muy bien sus tristezas y nostalgias. 

     Las tristezas son unas flores pequeñas, lisas, con olor a tierra mojada. Son moradas, tropicales, acompañadas por grandes hojas verdes. Jamás se encuentran solas en los jardines. Quizá podrán verlas un poco dispersas a la orilla de la carretera, entre los rieles del tren  o en el desierto, pero las tristezas son flores comunales que casi siempre caen y florecen donde hay otras: en los cementerios, en las laderas de los ríos, en los jardines de las viejas casas, en los lugares donde no tiene cabida el olvido.  Las tristezas florecen donde suele haber otras, esas otras tristezas que uno ha ido dejando plantadas por ahí.

Las nostalgias, en cambio, son flores que se distinguen por su fragancia. Suelen cambiar de perfume dependiendo del momento del día en que se percibe: en la mañanita huelen como la colcha de la abuela que ya no habita la casa desde hace varios años, pueden adquirir el aroma de café recién tostado o el de pan cociéndose en el horno. A medio día suelen absorber el olor de los pucheros que hierven a fuego lento en las cocinas, pueden asumir el olor de las frutas aunque no se encuentren cerca,  incluso, cuando las nostalgias se sienten en peligro despiden un olor a cebolla que hace llorar a las amas de casa, tanto a jóvenes como maduras que han pretendido cortarlas para poner en floreros ese olor masculino parecido al vetiver. Pobrecitas mujeres cuando lloran, le echan la culpa a la cebolla sin haber cortado ninguna, más bien lloran por el recuerdo de aquel amor que se les fue. Así son ellas, las nostalgias, flores volubles, traicioneras, que atrapan su presa con su diversidad de olores; las personas que están cerca alucinan, no pueden evitar el enredo de recuerdos hasta hacerlas llorar y reír.

Margarita, cuida los jardines del convento  a las orillas del pueblo. Ella posee habilidad especial para cuidar cada una de sus flores.  Sabe, por ejemplo, identificar las tristezas que siempre huelen a tierra mojada, las cuida y siente que es justamente por ese olor que se parecen a ella. Le han dicho que el aroma de su piel es peculiar, húmedo y  terroso como el de las tristezas y cree que sus ojos deben tener el mismo color violeta, pues piensa que no es casual cuando la gente le pregunta “Margarita ¿por qué tienes siempre los ojos llenitos de tristeza?”. Margarita nunca sabe qué contestar, sonríe débilmente y sigue cuidando de sus flores que todo el mundo le dice que son hermosas.

La belleza de las tristezas de Margarita se debe a que las riega con lágrimas  de asno.  Todos los días, muy temprano, llega al convento un muchacho para entregar la leche bronca con la que las monjas hacen el rompope. Él siempre deja a un lado del portón que da al jardín, un frasco pequeño lleno de un líquido espeso, casi lechoso; son las lágrimas de los asnos, que él recolecta diariamente para Margarita. Como todos sabemos, los asnos son animales tristes que sueltan lágrimas a toda hora, por eso son lágrimas,  precisamente, lo que les permite a las tristezas florecer.

Margarita riega sus tristezas con cuidado para no ahogarlas, procura no mezclarlas con las lágrimas que salen de sus ojos, ella sabe que son muchas y no quiere que por demasiado riego, las tristezas invadan su jardín. También cuida de las nostalgias, las pone en macetas para disfrutar su olor favorito del día en pequeñas dosis, pues  tampoco quiere que arrasen con los espacios destinados para otras flores. Lo curiosol es que cuando Margarita se acerca a las nostalgias, sueña siempre con sembrar margaritas, esas flores fantásticas que le han platicado tantas veces, con un color amarillo intenso, alegres, optimistas y con olor  propio, es decir, las margaritas sólo pueden oler a margaritas, nadie podría confundir su olor con el de otra flor. Pero todas las margaritas que ella siembra, se mueren porque no les da el sol. El problema es que no las quiere cerca de las rosas, esas flores vanidosas que le clavan espinas y se ríen de ella por no saber cómo cortarlas sin lastimarse y así poder llenar con sus colores el salón. Es una contrariedad para Margarita, ser ciega y llamarse como una flor alegre, desenfadada del destino que prometen sus pétalos al azar. Por eso Margarita, sabe cuidar sus tristezas y procura sus nostalgias, porque en esas flores asume su destino: tener nombre de flor y nunca poder ser una flor.

Alicia Salum

jueves, 30 de junio de 2016

Las nostalgias

Las nostalgias son flores que se distinguen por su fragancia. Suelen cambiar de perfume de acuerdo al momento del día en que se percibe, en la mañanita por ejemplo, pueden oler a la colcha de la abuela que ya no habita la casa desde hace varios años, puede percibirse como si tuvieran el aroma del café recién tostado o el del pan cociéndose en el horno. A medio día suelen absorber el olor de los pucheros que hierven a fuego lento en las cocinas, pueden asumir el olor de las frutas aunque no se encuentren cerca,  incluso, cuando las nostalgias se sienten en peligro despiden un olor a cebolla que hace llorar a las amas de casa, tanto a mujeres jóvenes como maduras que han pretendido cortarlas para poner en floreros ese olor parecido al vetiver. Pobrecitas ellas cuando lloran, le echan la culpa a la cebolla pero no han cortado ninguna, más bien lloran por el recuerdo de algún amor que se les fue. Así son ellas, las nostalgias, flores volubles, traicioneras, que atrapan a su presa con su diversidad de olores; las personas que están cerca alucinan, no pueden evitar el enredo de recuerdos hasta ponerlas a llorar o a reír.
       
                                                                          Alicia Salum

martes, 31 de mayo de 2016

Las tristezas


Las tristezas son unas flores pequeñas, lisitas, con olor a tierra mojada. Las tristezas son flores moradas, tropicales, que se acompañan de grandes hojas verdes. Las tristezas jamás se encuentran solas en los jardines, quizá podrán verlas a veces, un poco dispersas a la orilla de la carretera, entre los rieles del tren o en el desierto, pero las tristezas son flores comunales que casi siempre caen y florecen donde hay otras, en los cementerios por ejemplo, en las laderas de los ríos, en los jardines de las viejas casas, en los lugares donde no tiene cabida el olvido. Las tristezas florecen donde suelen haber otras tristezas, esas otras que uno ha ido dejando plantadas por ahí.
 Alicia Salum

viernes, 26 de octubre de 2012

El jardín de las tentaciones

Mentira, cuando Adán pecó con Eva no fue por culpa de ninguna serpiente. Eva  sabía sin ninguna inocencia que la tentación era mucha, que el jardín inspiraba y  que estaban solos. Eva saboreaba desde hacía tiempo aquellos frutos carnosos que colgaban de las ramas, ya maduros, y que prometían un paraíso de exquisita miel. Eva siempre lo supo. Luego le vino el destierro, el mito de la inocencia perdida, el fin de todos los tiempos...
Eva, desterrada para siempre de ese paraíso se prometió volver,  pero no, en el último intento se quemó la boca.
Eva se refugia desde entonces en un sueño sin retorno. En un laberinto sin accesos. En el goce de los locos. Eva proyecta sueños  y baila con los pájaros. Se abraza mientras baila, a unos ojos. Se mueve al compás de unas manos finas que la aprietan y del canto de unos labios que susurran a su oído.
Eva seduce a la muerte, se entrega a ella, amante, enardecida, en un sueño, tentada  por el jardín de las mil bocas.


La Boca

Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.

Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astros que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡ Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!

Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
Vida, Muerte, Amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

Miguel Hernández