Después de todo el amor consiste en atrapar insectos
ven
perfumaremos la noche
Alicia Salum
Aristolochia grandiflora, es una especie de enredadera de hoja caduca con flores enormes que emiten un olor desagradable para los seres humanos, pero muy atractivo para los insectos.
Margarita
sabe cuidar muy bien sus tristezas y nostalgias.
Las tristezas son unas flores
pequeñas, lisas, con olor a tierra mojada. Son moradas, tropicales, acompañadas por grandes hojas verdes. Jamás se encuentran solas en los jardines.
Quizá podrán verlas un poco dispersas a la orilla de la carretera, entre los
rieles del tren o en el desierto, pero
las tristezas son flores comunales que casi siempre caen y florecen donde hay
otras: en los cementerios, en las laderas de los ríos, en los jardines de las
viejas casas, en los lugares donde no tiene cabida el olvido. Las tristezas florecen donde suele haber
otras, esas otras tristezas que uno ha ido dejando plantadas por ahí.
Las nostalgias, en cambio, son flores que se distinguen por
su fragancia. Suelen cambiar de perfume dependiendo del momento del día en que
se percibe: en la mañanita huelen como la colcha de la abuela que ya no habita
la casa desde hace varios años, pueden adquirir el aroma de café recién tostado
o el de pan cociéndose en el horno. A medio día suelen absorber el olor de los
pucheros que hierven a fuego lento en las cocinas, pueden asumir el olor de las
frutas aunque no se encuentren cerca, incluso, cuando las nostalgias se sienten en
peligro despiden un olor a cebolla que hace llorar a las amas de casa, tanto a
jóvenes como maduras que han pretendido cortarlas para poner en floreros ese
olor masculino parecido al vetiver. Pobrecitas mujeres cuando lloran, le echan
la culpa a la cebolla sin haber cortado ninguna, más bien lloran por el
recuerdo de aquel amor que se les fue. Así son ellas, las nostalgias, flores
volubles, traicioneras, que atrapan su presa con su diversidad de olores; las
personas que están cerca alucinan, no pueden evitar el enredo de recuerdos
hasta hacerlas llorar y reír.
Margarita, cuida los jardines del convento a las orillas del pueblo. Ella posee habilidad especial para cuidar cada una de sus
flores. Sabe, por ejemplo, identificar las tristezas
que siempre huelen a tierra mojada, las cuida y siente que es
justamente por ese olor que se parecen a ella. Le han dicho que el aroma de su
piel es peculiar, húmedo y terroso como
el de las tristezas y cree que sus ojos deben tener el mismo color violeta,
pues piensa que no es casual cuando la gente le pregunta “Margarita ¿por qué
tienes siempre los ojos llenitos de tristeza?”. Margarita nunca sabe qué
contestar, sonríe débilmente y sigue cuidando de sus flores que todo el mundo
le dice que son hermosas.
La belleza de las tristezas de Margarita se debe a que las riega con lágrimas
de asno. Todos los días, muy temprano, llega al convento un
muchacho para entregar la leche bronca con la que las monjas hacen el rompope. Él
siempre deja a un lado del portón que da al jardín, un frasco pequeño lleno de un líquido
espeso, casi lechoso; son las lágrimas de los asnos, que él recolecta diariamente
para Margarita. Como todos sabemos, los asnos son animales tristes que sueltan
lágrimas a toda hora, por eso son lágrimas, precisamente, lo que les permite a las
tristezas florecer.
Margarita
riega sus tristezas con cuidado para no ahogarlas, procura no mezclarlas con las lágrimas que salen de sus ojos, ella sabe que son muchas y no quiere que por demasiado riego, las tristezas invadan su
jardín. También cuida de las nostalgias, las pone en macetas para disfrutar su
olor favorito del día en pequeñas dosis, pues tampoco
quiere que arrasen con los espacios destinados para otras flores. Lo curiosol es que cuando Margarita se acerca a las nostalgias, sueña siempre con
sembrar margaritas, esas flores fantásticas que le han platicado tantas veces, con un color amarillo intenso, alegres, optimistas y con olor propio, es decir, las margaritas sólo pueden
oler a margaritas, nadie podría confundir su olor con el de otra flor. Pero
todas las margaritas que ella siembra, se mueren porque no les da el sol. El
problema es que no las quiere cerca de las rosas, esas flores vanidosas que le
clavan espinas y se ríen de ella por no saber cómo cortarlas sin lastimarse y
así poder llenar con sus colores el salón. Es una contrariedad para Margarita,
ser ciega y llamarse como una flor alegre, desenfadada del destino que prometen sus
pétalos al azar. Por eso Margarita, sabe cuidar sus tristezas y procura sus nostalgias,
porque en esas flores asume su destino: tener nombre de flor y nunca poder ser una flor.
Las nostalgias son flores que se distinguen por
su fragancia. Suelen cambiar de perfume de acuerdo al momento
del día en que se percibe, en la mañanita por ejemplo, pueden oler a la colcha de la abuela que ya no habita la casa desde hace varios años, puede percibirse como si tuvieran el aroma del
café recién tostado o el del pan cociéndose en el horno. A medio día suelen absorber
el olor de los pucheros que hierven a fuego lento en las cocinas, pueden asumir
el olor de las frutas aunque no se encuentren cerca, incluso, cuando las nostalgias se sienten en
peligro despiden un olor a cebolla que hace llorar a las amas de casa, tanto a
mujeres jóvenes como maduras que han pretendido cortarlas para poner en floreros
ese olor parecido al vetiver. Pobrecitas ellas cuando lloran, le echan la culpa
a la cebolla pero no han cortado ninguna, más bien lloran por el recuerdo de
algún amor que se les fue. Así son ellas, las nostalgias, flores volubles, traicioneras,
que atrapan a su presa con su diversidad de olores; las personas que están
cerca alucinan, no pueden evitar el enredo de recuerdos hasta ponerlas a llorar o a reír. Alicia Salum
Las tristezas son unas flores pequeñas, lisitas, con olor a tierra mojada. Las tristezas son flores moradas, tropicales, que se acompañan de grandes hojas verdes. Las tristezas jamás se encuentran solas en los jardines, quizá podrán verlas a veces, un poco dispersas a la orilla de la carretera, entre los rieles del tren o en el desierto, pero las tristezas son flores comunales que casi siempre caen y florecen donde hay otras, en los cementerios por ejemplo, en las laderas de los ríos, en los jardines de las viejas casas, en los lugares donde no tiene cabida el olvido. Las tristezas florecen donde suelen haber otras tristezas, esas otras que uno ha ido dejando plantadas por ahí.
Mentira, cuando Adán pecó con Eva no fue por culpa de ninguna serpiente. Eva sabía sin ninguna inocencia que la tentación era mucha, que el jardín inspiraba y que estaban solos. Eva saboreaba desde hacía tiempo aquellos frutos carnosos que colgaban de las ramas, ya maduros, y que prometían un paraíso de exquisita miel. Eva siempre lo supo. Luego le vino el destierro, el mito de la inocencia perdida, el fin de todos los tiempos...
Eva, desterrada para siempre de ese paraíso se prometió volver, pero no, en el último intento se quemó la boca.
Eva se refugia desde entonces en un sueño sin retorno. En un laberinto sin accesos. En el goce de los locos. Eva proyecta sueños y baila con los pájaros. Se abraza mientras baila, a unos ojos. Se mueve al compás de unas manos finas que la aprietan y del canto de unos labios que susurran a su oído.
Eva seduce a la muerte, se entrega a ella, amante, enardecida, en un sueño, tentada por el jardín de las mil bocas.
La Boca
Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astros que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.
Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡ Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!
Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.
Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.
He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.
Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
Vida, Muerte, Amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.