Mostrando entradas con la etiqueta Castillos en las nubes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Castillos en las nubes. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de mayo de 2019

Si no seremos amor

Si no seremos 
amor
seamos nube 
viento
aguacero
verano tropical


Si no seremos 
amor
seamos fuego
bengalas de humo
instantes de luz estelar


Pero si no fueramos 
amor
y tampoco nube 
aguacero 
fuego 
ni milagro tintineante
en el espacio


Si no nos fuera posible
amor
más que ser hielo
seamos cubos pequeños 
de colores

Un caleidoscopio 
en vaso de cristal
dónde un día 
han de nacer
todos los arcoíris


Alicia Salum

martes, 19 de julio de 2016

Cuento de la luna y tú

Sentada sobre la luna
en la esquina del olvido
tu recuerdo:

                  Luciérnaga infinita
                  que brillas en mi noche
                  y sacudes el espanto
                  en la cara de las horas
                  que giran atropelladas
                  entre agujas filosas
                  y tic tacs escandalosos
                 
                 Lluvia fina entre las manos
                 que cura lo que toca
                 brazos
                               piernas
                                              pechos
                 angustia diluida en tu sereno
                 ausencia desahuciada entre las gotas
                 rocío mañanero con olor a ti

La luna no se mueve
mientras te observo
al oído susurra cuentos
la ventana no abre
y sin embargo
ambas sabemos:
                                ahí estás tú

lunes, 11 de julio de 2016

El secreto de las flores

Margarita sabe cuidar muy bien sus tristezas y nostalgias. 

     Las tristezas son unas flores pequeñas, lisas, con olor a tierra mojada. Son moradas, tropicales, acompañadas por grandes hojas verdes. Jamás se encuentran solas en los jardines. Quizá podrán verlas un poco dispersas a la orilla de la carretera, entre los rieles del tren  o en el desierto, pero las tristezas son flores comunales que casi siempre caen y florecen donde hay otras: en los cementerios, en las laderas de los ríos, en los jardines de las viejas casas, en los lugares donde no tiene cabida el olvido.  Las tristezas florecen donde suele haber otras, esas otras tristezas que uno ha ido dejando plantadas por ahí.

Las nostalgias, en cambio, son flores que se distinguen por su fragancia. Suelen cambiar de perfume dependiendo del momento del día en que se percibe: en la mañanita huelen como la colcha de la abuela que ya no habita la casa desde hace varios años, pueden adquirir el aroma de café recién tostado o el de pan cociéndose en el horno. A medio día suelen absorber el olor de los pucheros que hierven a fuego lento en las cocinas, pueden asumir el olor de las frutas aunque no se encuentren cerca,  incluso, cuando las nostalgias se sienten en peligro despiden un olor a cebolla que hace llorar a las amas de casa, tanto a jóvenes como maduras que han pretendido cortarlas para poner en floreros ese olor masculino parecido al vetiver. Pobrecitas mujeres cuando lloran, le echan la culpa a la cebolla sin haber cortado ninguna, más bien lloran por el recuerdo de aquel amor que se les fue. Así son ellas, las nostalgias, flores volubles, traicioneras, que atrapan su presa con su diversidad de olores; las personas que están cerca alucinan, no pueden evitar el enredo de recuerdos hasta hacerlas llorar y reír.

Margarita, cuida los jardines del convento  a las orillas del pueblo. Ella posee habilidad especial para cuidar cada una de sus flores.  Sabe, por ejemplo, identificar las tristezas que siempre huelen a tierra mojada, las cuida y siente que es justamente por ese olor que se parecen a ella. Le han dicho que el aroma de su piel es peculiar, húmedo y  terroso como el de las tristezas y cree que sus ojos deben tener el mismo color violeta, pues piensa que no es casual cuando la gente le pregunta “Margarita ¿por qué tienes siempre los ojos llenitos de tristeza?”. Margarita nunca sabe qué contestar, sonríe débilmente y sigue cuidando de sus flores que todo el mundo le dice que son hermosas.

La belleza de las tristezas de Margarita se debe a que las riega con lágrimas  de asno.  Todos los días, muy temprano, llega al convento un muchacho para entregar la leche bronca con la que las monjas hacen el rompope. Él siempre deja a un lado del portón que da al jardín, un frasco pequeño lleno de un líquido espeso, casi lechoso; son las lágrimas de los asnos, que él recolecta diariamente para Margarita. Como todos sabemos, los asnos son animales tristes que sueltan lágrimas a toda hora, por eso son lágrimas,  precisamente, lo que les permite a las tristezas florecer.

Margarita riega sus tristezas con cuidado para no ahogarlas, procura no mezclarlas con las lágrimas que salen de sus ojos, ella sabe que son muchas y no quiere que por demasiado riego, las tristezas invadan su jardín. También cuida de las nostalgias, las pone en macetas para disfrutar su olor favorito del día en pequeñas dosis, pues  tampoco quiere que arrasen con los espacios destinados para otras flores. Lo curiosol es que cuando Margarita se acerca a las nostalgias, sueña siempre con sembrar margaritas, esas flores fantásticas que le han platicado tantas veces, con un color amarillo intenso, alegres, optimistas y con olor  propio, es decir, las margaritas sólo pueden oler a margaritas, nadie podría confundir su olor con el de otra flor. Pero todas las margaritas que ella siembra, se mueren porque no les da el sol. El problema es que no las quiere cerca de las rosas, esas flores vanidosas que le clavan espinas y se ríen de ella por no saber cómo cortarlas sin lastimarse y así poder llenar con sus colores el salón. Es una contrariedad para Margarita, ser ciega y llamarse como una flor alegre, desenfadada del destino que prometen sus pétalos al azar. Por eso Margarita, sabe cuidar sus tristezas y procura sus nostalgias, porque en esas flores asume su destino: tener nombre de flor y nunca poder ser una flor.

Alicia Salum

jueves, 30 de junio de 2016

Las nostalgias

Las nostalgias son flores que se distinguen por su fragancia. Suelen cambiar de perfume de acuerdo al momento del día en que se percibe, en la mañanita por ejemplo, pueden oler a la colcha de la abuela que ya no habita la casa desde hace varios años, puede percibirse como si tuvieran el aroma del café recién tostado o el del pan cociéndose en el horno. A medio día suelen absorber el olor de los pucheros que hierven a fuego lento en las cocinas, pueden asumir el olor de las frutas aunque no se encuentren cerca,  incluso, cuando las nostalgias se sienten en peligro despiden un olor a cebolla que hace llorar a las amas de casa, tanto a mujeres jóvenes como maduras que han pretendido cortarlas para poner en floreros ese olor parecido al vetiver. Pobrecitas ellas cuando lloran, le echan la culpa a la cebolla pero no han cortado ninguna, más bien lloran por el recuerdo de algún amor que se les fue. Así son ellas, las nostalgias, flores volubles, traicioneras, que atrapan a su presa con su diversidad de olores; las personas que están cerca alucinan, no pueden evitar el enredo de recuerdos hasta ponerlas a llorar o a reír.
       
                                                                          Alicia Salum

domingo, 8 de noviembre de 2015

Alborótame

Alborótame los sueños
péinalos y despéinalos a tu antojo
reinvéntame entre tus locuras
memorízame entre tus laberintos
y sin miedo a perder...
sumérgete en mis mares
en mis aguas profundas y fecundas
verás cómo el sol todavía las provoca
y los corales reinventan orgasmos de color
Alborótame  los miedos
descúbreme sin defensa alguna
esculpe mi rostro en tu cantera
revélate en todos mis espejos
hazme saber que estás aquí conmigo
a merced de la furia de  las olas
y del deseo prohibido
que funda éste nosotros

miércoles, 31 de julio de 2013

Siempre llegas

"Que diablos sabes del amor, si tu boca no besa a la mía"
Rosario Castellanos


Respiras en mi tan adentro
que no te es difícil hacerme el amor
                                                 una vez más
 
Pulsas el vértice con solo mirarme
me seduces desde el otro lado del velo
me fundes en tu manía
de aparecerte en sueños 
sin necesidad de tocar
                                               pero me tocas

Te me acercas cuando menos lo espero
Sé bien que en la espera nunca haz de llegar
pero te espero siempre

A veces te apareces en la noche dulce
que se contagia de tu risa brillante
de tu mirada limpia
de tu boca inquieta de uva fermentada.

A veces llegas silencioso
adorable, como esta noche,
probando danzas de arena y sal.
Otras apareces solo, desnudo
en las noches furiosas, frías
en que la tormenta se anuncia irracional.

Pero llegas, llegas siempre
cuando menos te espero
envuelto en la lectura
en el sueño
en el insomnio
en los recuerdos que quizá ni existen
en la palabra inocente que nunca me habita
Llegas siempre en silencio
y en silencio siempre te vas
como las sombras que no deberían nombrarse
pero que nombro, como ahora,  
sin miedo,
hasta volverte a tocar.

Alicia Salum


No te amo

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
Pablo Neruda



lunes, 4 de junio de 2012

De esperanzas y sal

-"Tiene que calmarse"- le dijo el médico sin mirarla a los ojos -"¿cómo se siente ahora, con las nuevas pastillas?"
-"mal" - dijo ella conteniendo sus lágrimas - "Sigo con ganas de no ser, de nunca más saber"
-"Tendré que internarla entonces"- le anuncio  él,  serena pero firmemente,  mientras cerraba su libreta, ponía en "off"  la grabadora y hacía por teléfono una llamada.

No había más, ella sabía que tarde o temprano pasaría, que  los locos se reconocen locos desde el primer llanto, aquel que su madre  angustiada,  nunca pudo  interpretar. Cómo no reconocerse en los ojos de su hermano, el drogadicto amoroso que compraba, más que polvo, castillos de cristal.

Cómo no saberlo también aquella tarde de domingo que, como  en un juego de niños que disfrazan frustración, su padre jaló el gatillo cayendo frente ella...
Cómo no esperarlo junto con el Alzheimer acechando a la familia , cómo no sentirse loca, sin razón. Cómo no quedarse sola como cualquier loco, si solo los locos entienden lo que son.


Cuando llegaron por ella, no opuso resistencia, se dejó llevar así, pacífica, retraída en sus sueños de sal, amarrada a los recuerdos y los poemas de Gelman que tanto le gustaban. Llevaba la cara limpia pero la cabeza repleta de enredos y esperanza.



Límites

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.


Juan Gelman



El juego en que andamosSi me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

Juan Gelman