miércoles, 20 de mayo de 2020

Mi homenaje

Porque hubo un tiempo en que no existían árboles en mi jardín y ahora crecen sus raíces y extienden su follaje y guardan vida entre sus ramas.
Porque hubo un tiempo en que habitaban sombras y el silencio y la nada en los espacios en que ahora
Porque hubo un tiempo en que

Mi homenaje
al que plantó cada árbol
sin pensar, para siempre.

Al que en el valle
recuerda que hay montañas
y en una gota de agua,
tiembla ante la sequía
el desierto ofrecido.

Al que se acuerda de mí.

Al que me olvida.

                                      Ida Vitale

De fiesta el corazón

Todos mis refugios son los lugares en que te encuentro.

Cuando llega el amor hace fiesta el corazón.
Pero no es por fiesta que llega el amor
la fiesta es el amor
porque sólo en el amor
el corazón descansa.

martes, 7 de abril de 2020

De perfumes y de música de alas


Tengo fascinación por los nocturnos y las lunas esplendorosas como la de hoy que no puedo fotografiar, así que decidí hacer algo para atraparla y hacerla un poco mía y colgarla en este mi blog.

Del insomnio de los últimos días rescato, o me rescatan, los Nocturnos de Chopin, aquí  va de fondo el N° 10 que me llevó entre perfumes y música de alas  al tristísimo Nocturno 3 del Colombiano José Asunción Silva.

Prometo más.



NOCTURNO III
(José Asunción Silva)
Una noche
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
Una noche
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
A mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
Muda y pálida
Como si un presentimiento de amarguras infinitas
Hasta el más secreto fondo de tus fibras se agitara,
Por la senda que atraviesa la llanura florecida
Caminabas,
Y la luna llena 
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca.
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectadas
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
Y eran una sola sombra larga!
Y eran una sola sombra larga!
Y eran una sola sombra larga!
Esta noche
Solo, el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma por la sombra, por el tiempo y la distancia,
Por el infinito negro
Donde nuestra voz no alcanza,
Solo y mudo
Por la senda caminaba.
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida,
Y el chillido
De las ranas 
Sentí frío. Era el frío que tenían en tu alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas.
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada.
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada
Iba sola
Iba sola
Iba sola por la estepa solitaria.
Y tu sombra esbelta y ágil;
Fina y lánguida
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se juntan y se buscan en las noches de negruras y de lágrimas!…

miércoles, 1 de abril de 2020

Y cada tarde


Y cada tarde
en que hacías fiesta con las manos
que seguían nerviosas
la ruta de los rizos
mientras tu lengua desnudaba el tiempo
acurrucada bajo mi piel

Y cada tarde
mientras tu explorabas secretos
yo preparaba un refugio 
fértil
húmedo
para que moraras sereno 
entre mi sexo y mi corazón




Me desordeno, amor, me desordeno
                                                               Carilda Oliver Labra
Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada,
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.


Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.



Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;



y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

domingo, 29 de marzo de 2020

Ascención

En el último año he pasado muy pocas veces por aquí. Puede parecer quizá que me ha faltado poesía pero en realidad he tenido exceso de ella y muy poco tiempo para dedicarme a ella a través del blog. Demasiadas emociones para poder explicar y compartir. 
Comenzaré por contar que publiqué mi primer poemario "Carnívora", lo que me produjo una cantidad de experiencias inimaginables y maravillosas entre las que destacan el acompañamiento de personas cercanas y lejanas, reencuentros con mi historia y cierre de heridas con amor.
Con el pasar del tiempo me han surgido ofertas para participar en actividades literarias pero  por la pandemia han quedado en suspenso. Sin embargo, entre las invitaciones que me han hecho surgió la de grabar vídeos. He hecho varios y me ha gustado el ejercicio. Me ayuda a poner en otra perspectiva mi poesía y la de mis poetas favoritos, así como posibilidades para divulgarlas.
Les comparto, por lo pronto, un poema sencillo pero profundo de Alfredo Espino, ese poeta salvadoreño, primo de mi abuela materna, con el que aprendí poesía y que escuché y leí muchas veces de niña. De alguna forma, volver a su poesía es un homenaje a ella, a mi abuelita Mina:



ASCENCION
                                               Alfredo Espino

¡Dos alas!… ¿Quién tuviera dos alas para el vuelo?
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido.
Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido,
que si no fuera un mar, ¡Bien sería otro cielo!…

Cumbres, divinas cumbres, excelsos miradores…
¡Que pequeños los hombres! No llegan los rumores
de allá abajo, del cieno; ni el grito horripilante
con que aúlla el deseo, ni el clamor desbordante
de las malas pasiones… Lo rastrero no sube:
ésta cumbre es el reino del pájaro y la nube…

Aquí he visto una cosa muy dulce y extraña,
como es la de haber visto llorando una montaña…
el agua brota lenta, y en su remanso brilla la luz;
un ternerito viene, y luego se arrodilla
al borde del estanque, y al doblar la testuz,
por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz…

Y luego se oye un ruido por lomas y floresta,
como si una tormenta rodara por la cuesta:
animales que vienen con una fiebre extraña
a beberse las lágrimas que llora la montaña.

Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.
Y que asco y que tristeza comenzar a bajar…

(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo!
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,
con el loco deseo de haberlas extendido
¡Sobre aquél mar dormido que parecía un cielo!)

Un río entre verdores se pierde a mis espaldas,
como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas…

jueves, 9 de mayo de 2019

Si no seremos amor

Si no seremos 
amor
seamos nube 
viento
aguacero
verano tropical


Si no seremos 
amor
seamos fuego
bengalas de humo
instantes de luz estelar


Pero si no fueramos 
amor
y tampoco nube 
aguacero 
fuego 
ni milagro tintineante
en el espacio


Si no nos fuera posible
amor
más que ser hielo
seamos cubos pequeños 
de colores

Un caleidoscopio 
en vaso de cristal
dónde un día 
han de nacer
todos los arcoíris


Alicia Salum

lunes, 15 de abril de 2019

Notre Dame


Despídete de los sueños
de las gárgolas y los vitrales
de la corona de espinas
de la edad media afuera de los libros
de mirar al cielo y encontrar sus  torres
de incluirla en tus destinos

Toda maravilla en la historia
tarde o temprano cae

Llora

Despídete de Notre Dame.

Alicia Salum

sábado, 6 de abril de 2019

Revelación

Sabemos que hemos encontrado un amigo
cuando descubrimos bondad en la mirada del otro
a quien le hemos revelado nuestra locura.

Se produce entonces una especie de magia
El milagro primigenio
de dejarnos tocar por el mundo
y soportar que duela

De mirarnos en el espejo
más libres de nosotros mismos
y menos rotos.

                         Alicia Salum




lunes, 11 de febrero de 2019

Sobran las palabras




En su contra dirán que no tenía talento, a favor, que su oreja continuaba en su lugar. 
A veces, a la poesía como a la vida, le sobran las palabras

Sobran las palabras

Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.

María Mercedes Carranza

jueves, 23 de agosto de 2018

Amigo, poeta en el mar

Mi mejor amigo cumple años y está lejos. Hemos estado lejos muchas veces pero también juntos.
La vida, que compartirnos cuando ella era un bosque de sorpresas, miedos, deseos y expectativas, se nos hizo más accesible al caminarla juntos, haciéndonos uno al otro, haciéndonos a cada uno muy distintos pero con huellas en nuestros cuerpos como las marcas que a las piedras les va dejando el mar. 
Con el tiempo, esa misma vida nos arrojó a otros caminos, a otras trincheras, a nuevas formas de descubrirla, enfrentarla y enamorarla. 
Vinieron variaciones sobre cómo escribirnos y descubrirnos, despedirnos y abrazarnos, una y otra vez hasta que hicimos a la poesía parte de ese nosotros.
Mi mejor amigo cumple años y yo brindo. 
Leo y abrazo poesía porque su vida se ha convertido en mi propia fiesta:


Retornos del amor recién aparecido
Rafael Alberti

Cuando tú apareciste,
penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mar en primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.

Yo aprendí a descansar sobre tus hombros
y a descender por ríos y laderas,
a entrelazarme en las tendidas ramas
y a hacer del sueño mi más dulce muerte.
Arcos me abriste y mis floridos años
recién subidos a la luz, yacieron
bajo el amor de tu apretada sombra,
sacando el corazón al viento libre
y ajustándolo al verde son del tuyo.
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo
que no penaba en una cueva oscura,
braceando sin aire y sin salida.

Porque habías al fin aparecido.